martes, 9 de marzo de 2010

Alas de dragón VI

VI
El túnel permanecía n un silencio casi absoluto, si se hacía la excepción de los rítmicos ronquidos del enano. Todos dormían, excepto la arquera élfa, que permanecía en el trance en el que los de su raza se sumían en sustitución del sueño, y elbárbaro a quien conocían como Denay. Este se revolvió incómodo. Había sido incapaz de dormir, aunque esa era la menor de sus incomodidades. Lo peor eran los roces de su disfraz, y un cierto sentimiento de culpabilidad. Porque nada en el guerrero humano kehay llamado Denay era cierto. Jamás había recibido nada parecido a una instrucción en combate. Tampoco era kehay, ya que pertenecía al pueblo de los sirvientes sometidos, los mecdos, aunque una parte de su sangre sí que era kehay. Ni siquiera era del todo humano, ya que la otra mitad de su sangre era élfica. Y, sobre todo, no era él, sino ella, y su nombre no era Denay, sino Danelle.

Odiaba con todo su ser cada segundo que había pasado con aquel corsé de cuero y metal que ocultaba sus formas femeninas y ensanchaba sus hombros y su cintura. Apenas le dejaba respirar, y le había dejado los muslos y las axilas en carne viva. La especie de bozal que le cubría media cara apenas la dejaba mover la cabeza con libertad, pero lo necesitaba, no sólo para ocultar sus facciones, sino para ayudarla a distorsionar su voz. Se sentía sucia después de más de una semana sin poder asearse en condiciones, y algo culpable por no contarle a sus compañeros su verdadera identidad.

Pero no podía fiarse de ellos. No parecían malas personas, pero eran mercenarios, y si se enteraban de que había una recompensa por devolverla a los Páramos del Norte, lo más seguro era que no dudaran en capturarla y envolverla para regalo para entregársela a su cruel padre. Su madre siempre le había dicho que era difícil saber qué podían llegar a hacer las personas cuando había oro de por medio. Y si se hablaba de enanos, famosos por su sed de metales preciosos, la cosa era incluso peor. De todas formas, de una forma u otra, todo iba a acabar en breve. Si de algún modo lograban completar esa estúpida misión, se dispersarían y no se volverían a ver jamás. Y si no, bueno, estarían todos muertos, lo que, visto por el lado bueno, significaría que sus problemas dejarían de tener importancia.

Xhaena había sido la única que había sabido ver más allá de su disfraz, y había descubierto su identidad, aunque sabía que su secreto estaba a salvo con ella. La druida le había impresionado profundamente. Aunque apenas había hablado con ella unas horas, sentía que era una de las personas más generosas que había conocido, y sin duda la más sabia.

Mientras estaba ocupada con esos pensamientos, de uno en uno, sus compañeros se fueron despertando. Sin decir una palabra, se dispusieron delante de las puertas de bronce de doble hoja que se alzaban ante ellos. Estaban cerradas con llave, por lo que la halfling, Gilian, sacó unas ganzúas de su bolsillo y comenzó a hurgar con ellas en la cerradura. De repente so oyó un chasquido seco y una fiera llamarada salió de un minúsculo agujerito encima de la cerradura, abrasando a la pobre mediana, que quedó seriamente herida. Garret tuvo que emplear casi todas sus reservas mágicas para sanarla. Aunque, quedó en un estado aceptable, la magia no hizo que la volvieran a crecer las cejas. Aquello no era lo que se decía un gran comienzo.

Después, con mucho cuidado, lograron abrir la puerta. Y cuando lo hicieron, se les cayó el alma a los pies. Estaban en una enorme sala sobriamente decorada, el primer lugar limpio y ordenado que habían visto en una semana. En el centro había una piscina poco profunda. Y en la piscina, una gigantesca criatura reptiliana, con cinco cabezas. Detrás de ella había un elfo de aspecto siniestro, vestido con una túnica negra, que sonreía sádicamente. Resultaba obvio que les estaba esperando.
El desconocido, que se presentó como Dark Smare, les dedicó un aplauso sardónico y les felicitó por haber llegado pese a los impedimentos que había puesto en el camino. Incluso se ofreció a devolverles el rubí si vencían a su mascota, ya que, fuera lo que fuese que pretendiera hacer con él, ya lo había logrado.

Aquella demostración de cinismo hizo que la sangre hirviera en las venas de Dannelle. Otra parte de ella, la más lógica, pensó que no tenían posibilidad alguna contra ese monstruo, y menos aún contra ese elfo, si realmente era suficientemente poderoso para dominar a la hidra. Su única posibilidad era huir. Estaban perdidos si intentaban atacar a aquella criatura. Habría sido una locura el intentarlo siquiera. Algo en contra de toda lógica.

El último pensamiento medianamente racional que tuvo Dannelle antes de que su rabia más primaria se apoderara de ella fue que la lógica estaba sobrevalorada. Cargó contra el monstruo sin titubear mientras gritaba como una maníaca.
Las cabezas de la hidra se abalanzaron sobre la insensata semielfa, veloces y mortíferas como un rayo, pero sólo una de ellas logró morderla en un hombro, lo que no fue suficiente para detener aquella carga berséker. La enfurecida bárbara llegó hasta el pecho de la bestia, y descargó un salvaje mandoblazo contra uno de los cuellos. Su correspondiente cabeza aulló de dolor, pero el monstruo se dispuso a contraatacar. En ese momento, el resto de compañeros se pusieron en marcha. Daemigoth lanzó un multicolor proyectil mágico contra el hechicero, mientras que Cora y Gilian dispararon contra a la bestia. Garret y Thorcrim cargaron contra el monstruo, siendo ambos recibidos por una barrera de cabezas enfurecidas. El enano fue seriamente herido, pero ya fuera por resistencia o por simple terquedad, siguió luchando, mientras que el clérigo golpeaba una de las cabezas una y otra vez con su maza, hasta que otra logró morderle con fuerza el torso, levantándolo en vilo. Siguió golpeando con sus últimas fuerzas mientras la hidra mordía una y otra vez, hasta que cayó inerte al suelo.

Otras dos cabezas se habían centrado en Thorcrim que, adiestrado para defenderse de atacantes más altos que él, evitaba la peor parte de la furia del monstruo con su escudo, mientras que asestaba potentes martillazos en cada ocasión que tenía, hasta que finalmente fue derribado por los proyectiles mágicos que lanzaba Dark Smare.
Daemigoth se abalanzó contra el malvado hechicero, mientras Gilian y Cora le daban fuego de apoyo. Tras ser herido levemente, Smare dejó caer el rubí y tras amenazar con que volvería, despareció en medio de un fulgurante destello.

Mientras tanto, Dannelle seguía atacando los cuellos de la hidra con su mandoble con la fiereza de una valkiria. Ya había cortado de cuajo dos de las cinco cabezas. Había recibido innumerables heridas, pero inexplicablemente seguía en pie, luchando, sacando fuerzas de flaqueza.

Finalmente, Daemigoth saltó con su lanza sobre el lomo de la bestia, desde el podio que había ocupado Smare, mientras que Cora y Gilian la asaetaban sin descanso. Sólo entonces el monstruo cayó.

Dannelle no tuvo tiempo de celebrar la victoria. A medida que la ira y el miedo de la batalla se desvanecía, hicieron lo mismo las últimas reservas de energía interior que le quedaban. El mundo se oscureció súbitamente y cayó al suelo inconsciente.

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